Aprender a esquiar

Cómo sacar el máximo partido a una clase de esquí

Consejos para aprovechar al máximo las clases de esquí: qué debe hacer el alumno y qué esperar del profesor.

Actualizada 07/12/2016 a las 08:44
Estación de esquí de Valdelinares. | Aramon

Tanto las estaciones de esquí como otras empresas dedicadas a los deportes de invierno ofrecen clases de esquí de diferentes niveles, para aprender a esquiar o perfeccionar la técnica. Entre los esquiadores es bastante común oír quejas sobre las clases, por su precio, por no conseguir los objetivos que se habían propuesto u otras cuestiones. Como ocurre en cualquier otra profesión, hay profesores de esquí más o menos profesionales, pero por parte del alumno también se debe aportar lo mejor de uno mismo para aprovechar la clase al máximo. Los siguientes consejos son aptos tanto para el esquí como para el snowboard u otras modalidades de los deportes de invierno.

Qué debemos aportar como alumno

  • Una forma física adecuada. El esquí, como cualquier otro deporte, requiere de una forma física media para poder practicarlo a nivel recreativo. Las piernas son la parte del cuerpo que más “sufre” al esquiar, por lo que se deben entrenar antes de lanzarse a una jornada de esquí. De nada sirve gastar dinero en clases si el cuerpo no está preparado para realizar los esfuerzos necesarios.
  • Equipo y vestimenta adecuados. El material de esquí debe encontrarse en perfectas condiciones de uso y ser el adecuado en función de nuestro físico y nivel de aprendizaje. Unos cantos sin afilar o un modelo de esquí poco apropiado pueden arruinar cualquier clase y el profesor no podrá hacer nada para evitarlo. Además, se debe llevar ropa de abrigo y los complementos necesarios, acordes con las condiciones meteorológicas del momento.
  • Transmitir nuestros objetivos de forma concisa y realista. El alumno debe explicar de manera clara lo que pretende conseguir para que el profesor pueda estructurar la clase en función de los objetivos propuestos. En el caso de los debutantes no hay lugar para dudas, pero en esquiadores de nivel superior es fundamental. Por supuesto, hay que ser realista y aspirar a objetivos asumibles respecto a nuestro nivel.
  • Ser receptivo y constante. El alumno debe estar abierto a las explicaciones y sugerencias del profesor, que usará una u otra metodología según lo que considere más adecuado, y ser autocrítico para aceptar aquello que hace mal. Además, no hay que rendirse ante los fallos o caídas. Aprender a esquiar o mejorar la técnica requiere de grandes dosis de paciencia y mucha práctica fuera de las clases.
  • Responder con sinceridad y claridad. El profesor puede realizar preguntas acerca de la experiencia del alumno, si ha recibido otras clases, si practica otros deportes, etc. Hay que ser sincero y dar respuestas precisas, ya que de ellas depende en gran medida el enfoque de la clase. Exagerar o atenuar el nivel que se posee no solo es contraproducente para avanzar, sino que, aunque el profesor se dará cuenta rápidamente del nivel real, habrá perdido un tiempo precioso de enseñanza.
  • Ser respetuoso. La frustración y los nervios pueden jugar malas pasadas, pero la premisa que debe regular toda relación entre profesor y alumno es el respeto mutuo. En caso de no estar satisfecho con la clase recibida, el alumno está en su derecho de reclamar o manifestar su descontento a través de las vías establecidas por la empresa de contratación o directamente con el profesional contratado.

Qué debemos recibir por parte del profesor

  • Cualificación y experiencia. El monitor de esquí debe ser un profesional titulado y suficientemente cualificado para dirigir la clase del nivel requerido. En caso de duda, el alumno tiene derecho a exigir la acreditación respectiva sobre su formación, pidiéndola en la empresa que preste los servicios o directamente al profesional. La experiencia que tenga como profesor es importante pero no implica que un monitor joven vaya a dirigir mal una clase.
  • Una clase encaminada a conseguir objetivos determinados. El profesor debe estructurar la clase de modo que los ejercicios y las explicaciones se dirijan a la consecución de los objetivos propuestos. Esto no quiere decir que si no se consigue aquello que el alumno se propone, el profesor haya hecho mal su trabajo, pues son muchos los factores que influyen en cada pequeño avance pero, al menos, se debe avanzar en la dirección correcta.
  • Adecuación al nivel del alumno. La mayor parte de las personas que contratan clases de esquí son debutantes o esquiadores de nivel bajo, siendo un porcentaje muy pequeño el de esquiadores que reciben clases para perfeccionar su técnica. El profesor, dentro de su nivel de cualificación, debe saber enfrentarse a todo tipo de alumnos, desde aquellos que nunca se han puesto unos esquís a los que han aprendido por su cuenta arrastrando errores de técnica, pasando por esquiadores de nivel medio que apenas practican este deporte unos días cada temporada o aquellos que creen que dominan la técnica pero cuentan con grandes carencias. Cada alumno requiere un trato e, incluso, una metodología diferente que le permita aprender y avanzar.
  • Respeto y comprensión. Como ya se ha manifestado, el respeto debe regir en todo momento entre profesor y alumno. El monitor tiene que tener siempre presente que, durante la clase, su objetivo es que el alumno aprenda del mejor modo posible y que cada aprendiz tiene unas capacidades diferentes a las que tiene que adaptarse.

Estas sencillas indicaciones ayudan a sacar el máximo partido de cada clase de esquí. Aunque los precios de las clases pueden parecer caros, las ventajas de aprender de la mano de un profesional son muy evidentes y los beneficios quedan para siempre con el esquiador.

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