Material de esquí

Cuidados necesarios para mantener el equipo de esquí en perfectas condiciones

Tareas básicas para mantener el equipo de esquí en buen estado durante más tiempo y esquiar con la máxima seguridad.

Actualizada 04/12/2016 a las 22:42
Esquís

El material de esquí se desgasta y deteriora con el uso y el almacenamiento inadecuado. Por ello, es muy importante realizar una serie de tareas básicas de mantenimiento, con las que se logra que el equipo esté en perfectas condiciones para utilizarlo con seguridad.

Los esquís

Los esquís son la parte del equipo que más desgaste sufre, debido al rozamiento y la abrasión de la nieve. Es importante secarlos bien con un paño tras cada uso y dejarlos en una habitación o lugar caldeado el tiempo necesario para quitar cualquier rastro de humedad, que oxida los cantos, disminuyendo su deslizamiento y agarre en la nieve. Por ello, hay que evitar dejarlos en el coche o en lugares fríos tras un día de esquí.

Los cantos deben afilarse con regularidad. La frecuencia dependerá del uso que se dé a los esquís y es una tarea delicada, ya que si se realiza mal, no se pueden reparar. Además, se requiere material específico para afilar los cantos, por lo que si no se dispone de él ni se cuenta con algo de experiencia, es mejor llevar los esquís a un taller de reparación, donde realizan un mantenimiento completo.

Hay que limpiar y encerar las suelas de forma adecuada, para evitar que se resequen y sus poros se llenen de suciedad. Existen disolventes y ceras específicas para eliminar la cera vieja de las suelas y proceder a la limpieza y nuevo encerado, clave para deslizarse con fluidez en la nieve. Una vez limpiada la suela con un cepillo de latón y un paño empapado en disolvente, la cera se reparte de manera uniforme con ayuda de una plancha adecuada. Cuando la cera está fría, se retira el exceso con una rasqueta y se pule con un cepillo de nylon.

Llegado el final de la temporada, hay que guardar los esquís en un lugar seco, ventilado y por separado, para evitar rozaduras y choques entre ellos. Una buena opción es guardarlos en una bolsa portaesquís o envolverlos en una tela para librarlos del polvo y la suciedad. Es recomendable no almacenar los esquís con los frenos anclados y evitar poner otros objetos encima, ya que se puede alterar su curvatura y forma original.

Justo antes de guardar los esquís para la próxima temporada, es un buen momento para llevarlos al taller de reparación, lo que garantiza que se encontrarán en perfectas condiciones cuando llegue de nuevo el momento de usarlos. De hecho, los expertos recomiendan que se lleve el equipo de esquí a un taller especializado, como mínimo, una vez al año, aunque esto depende de la frecuencia y tipo de uso del material.

Es muy común trasladar los esquís en la baca del coche. Este transporte es adecuado siempre y cuando vayan dentro de una baca cerrada o portaesquís cerrado, ya que llevar los esquís sobre el techo los expone a las inclemencias del tiempo, la sal de las carreteras y posibles golpes por impacto de pequeñas piedras u otros objetos. En caso de transportarlos en el interior del habitáculo del vehículo, es importante asegurarlos bien para evitar que se desplacen en caso de accidente y puedan provocar daños a los ocupantes.

Las fijaciones

Las fijaciones son fundamentales para esquiar con seguridad. Funcionan gracias a unos muelles tensados que algunos profesionales recomiendan aflojar en el talón y en la punta tras su uso para alargar su vida útil. Antes de volver a esquiar, hay que tensarlos de nuevo. Sin embargo, si solo se esquía durante unos pocos días cada temporada, no es necesario destensarlos. Esta tarea es necesaria en el caso de equipos de esquí que se usan muy a menudo, de forma profesional o en competición.

Al final de la temporada, al guardar el equipo para un periodo prolongado, nunca hay que dejar la bota sujeta a la fijación, que debe estar cerrada. Las fijaciones también deben ser revisadas de forma regular, para lo que se recomienda visitar un taller especializado.

Las botas

Con la práctica deportiva, las botas acumulan suciedad y malos olores. Tras cada jornada de esquí hay que secar bien las botas, lejos de fuentes directas de calor que podrían alterar la carcasa, y extrayendo el botín y la plantilla para airearlos. La carcasa se puede limpiar con un paño. Las botas deben guardarse con los ganchos abrochados pero sin apretarlos, para que no se deformen, lo que hará más fácil ponérselas después. Por último, deben guardarse protegidas del polvo y en un lugar seco, dentro de una bolsa transpirable a ser posible.

No está de más echar un vistazo a la suela de las botas, que se desgasta al caminar con ellas en terrenos asfaltados, por ejemplo. El talón y la puntera pueden sustituirse en ciertos modelos de botas, algo a tener en cuenta si se encuentran en mal estado. El desgaste de las botas puede provocar que no encajen bien en las fijaciones, un riesgo que no se debe correr.

Los bastones

Hay que guardar los bastones limpios y secos, además de revisar que sigan rectos. En caso de que se hayan torcido, hay que enderezarlos. Si alguna de las bases se ha roto, se puede sustituir por otra nueva.

Estas tareas de mantenimiento pueden parecer demasiadas, pero si se adquiere el hábito de realizarlas tras cada uso y antes de guardar el equipo al final de temporada, el material se mantendrá en perfectas condiciones durante más tiempo y se podrá esquiar con la máxima seguridad.

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