Consejos

Cómo hacer frente a los riesgos de la montaña en invierno

Conocer el comportamiento de la nieve, las condiciones de la montaña y tomar algunas precauciones es clave para esquiar o hacer deporte con seguridad.

FAM. Actualizada 08/12/2016 a las 19:44
nieve en la estación de esqui de formigal

En estas fechas son muchas las personas que disfrutan practicando montañismo invernal, y para todas ellas les aconsejamos que a la hora de salir planifiquen más y mejor la actividad, siempre adecuándola al grupo, y que tengan en cuenta que hay que contar con una mayor preparación técnica. Además, será necesario prever un plan alternativo, dejar dicho adónde se va y el horario previsto, y consultar la previsión meteorológica y el parte de aludes.

También tendremos que ir equipados con ropa y calzado adecuados a la estación y a la actividad, tomando medidas para protegernos tanto contra el frío como contra el sol, y será necesario llevar material de orientación, botiquín, comida y agua suficientes, linterna o frontal, silbato y el material técnico imprescindible: piolet y crampones, a los que sumar, según a dónde vayamos, sonda, ARVA y pala (en previsión de aludes), casco y cuerda (para evitar accidentes por deslizamiento).

Finalmente, actuaremos con prudencia, evitando ir solos, teniendo en cuenta las horas de sol y dosificando las fuerzas, sin dejar a nadie solo. Se recomienda, como en otras ocasiones, consultar la web de la campaña www.montanasegura.com

Hay que tener en cuenta que los riesgos en la montaña invernal siempre son mayores. El terreno cambia bajo el manto nivoso y podemos hundirnos en la nieve, con peligro de lesionarnos. Está el riesgo que entraña una placa helada y, cómo no, el peligro de aludes, causantes ambos de graves accidentes.

Para evitar estos factores de riesgo no solo hemos de estar bien informados de la zona a la que acudimos (estados de la ruta y posibilidad de aludes), consultando tanto la página de Aemet como la de Alberguesyrefugiosdearagon.com, sino que tendremos que conocer el comportamiento de la nieve.

Esta se funde más rápidamente junto a las rocas y arroyos, se hiela a primera hora de la mañana y evoluciona a lo largo del día y de distinta manera según su orientación. Las orientaciones más peligrosas son la norte y la este, en este orden, pues la menor insolación hace que la nieve en ellas se transforme poco y no llegue a estabilizarse. También la niebla es un factor muy peligroso, sobre todo en un entorno nevado, pues se crea una imagen blanca en la que cuesta distinguir el relieve y el desnivel.

En cuanto al viento, este no solo influye en el manto de nieve, ventando laderas y modificando su estado, sino en la sensación térmica. El viento acentúa la sensación de frío que percibe nuestro cuerpo y contribuye a la pérdida de calor corporal. Para luchar contra ello, es recomendable llevar tres capas de abrigo. La más delgada, pegada al cuerpo, será térmica ligera. La segunda será una prenda de abrigo que, en algunos casos, se podrá reforzar con otra, como sería el caso de llevar un forro polar fino y otro más grueso. Finalmente, la capa exterior debe ser una prenda cortavientos, que impida la pérdida del calor que genera nuestro cuerpo.

Es muy importante, tanto en invierno como en verano, hidratarse y alimentarse correctamente para combatir el frío. Un organismo mal hidratado sufrirá congelaciones más fácilmente. Precisamente, la hipotermia y las congelaciones debidas a exposiciones prolongadas al frío son las dolencias más graves causadas por este. No hemos de olvidar tampoco la oftalmología de las nieves, producida por una protección inadecuada de los ojos expuestos a la acción de las radiaciones solares reflejadas en la nieve. Y más corrientemente, las pulmonías y el dolor de garganta.

Lo importante, en cualquier caso, es estar bien preparados técnicamente, contar con el material adecuado, ser prudentes a la hora de fijarnos objetivos y conocer el medio al que vamos.

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